
Muchas, muchas letras; muchas, muchas palabras fueron las que acabé escribiendo el sábado pasado en mi primer examen de la oposición.
Como comentaba en algún blog, fue toda una experiencia: me sentía relajada, sin demasiada presión, sabiendo que podía hacer algo digno, pero también algo muy malo o incluso no saber nada sobre los temas que tenía que escribir (!!).
El resultado: pues ya se verá, dentro de casi un par de meses lo leeré y ese mismo día me dirán si era digno o no. Larga espera...
Mi impresión: pues medianamente decente, contenta de haberme forzado a pegarme a la silla (por Dios, ¡¡¡qué sitio más incómodo!!!) y escribir todo lo que salía de mi cabecita durante cuatro horas, contenta de no haber tirado la toalla aunque no supiera qué escribir sobre las etnias y religiones en el África subsahariana... Contenta de haber sobrevivido en el sentido literal de la palabra*.
* Sí, palabra, que no término. ¿Por qué todo el mundo se empeña en considerar a todo término? Que no, señoras y señores, que no es lo mismo una palabra que un término... pero esto lo dejo para otro momento, que es una cuestión que se merece por lo menos una entrada completa ;-)